Seguro que has oído hablar de los conceptos millenial y Generación C, ese grupo de menores de 35 años que utiliza todo tipo de tecnología, plataforma o pantalla para consumir contenidos o comprar productos sin importar dónde se encuentren. Aunque siguen dando de qué hablar, este concepto ya se ha quedado corto.

Dado que la edad no es ningún requisito para participar en redes sociales o comprar por internet, estos hábitos han dejado de ser exclusivos en los jóvenes. La “Generación C”, aunque pasa más desapercibida, involucra a personas de cualquier edad y ya ha empezado a ser estudiada por las marcas. Incluso los mayores de 50 años, aunque no nacieron en la era digital, utilizan las redes sociales para informarse sobre productos y servicios antes de adquirirlos.

Sea de la edad que sea, un prosumer o consumidor conectado hace uso de la tecnología a diario para crear contenido, comunidad y consumir todo tipo de productos y servicios desde sus dispositivos, más allá de la clase social, la raza o la zona donde vivan. La diferencia entre el consumidor tradicional y el prosumer es la participación: ha dejado de ser pasivo para aportar valor. Por ello, es más correcto referirse a la Generación C como un modo de pensar, de actuar, de consumir y de vivir en el mundo digital, antes que como una franja determinada de edad.

Pero, ¿por qué la letra “C” para denominarlo? Para muchos, representa sencillamente “conectividad”, su característica más destacada. Para muchos otros, hace referencia a otro tipo de conceptos que se les asocian a los prosumers: creación, colaboración, contenidos, comunidad… En resumidas cuentas, estas personas participan a diario en las redes sociales, hacen reseñas de los productos que han comprado y de su experiencia con los servicios que han probado.

Numerosas marcas han estudiado a los millennials, encontrando fórmulas para atraerlos y hacerles consumir sus productos. En el caso de la Generación C, ¿cómo debe acercarse una marca? En primer lugar, olvidando los medios de comunicación tradicionales como la televisión, las revistas o la radio. Estos usuarios han perdido gran parte de la confianza en ellos. Viven en el mundo digital, son multiplataforma y utilizan varias pantallas al mismo tiempo, especialmente si se trata de dispositivos móviles, de ahí la importancia de que las webs sean responsive.

La generación C ha sido también bautizada como “La generación Youtube”.  Este año, un 70% del tráfico se concentró en dicha plataforma, muy por encima de Facebook y Twitter. Pero no sólo ha crecido el consumo de contenidos en Youtube, sino que, además, el engagement es considerablemente alto, haciendo de la plataforma un espacio mucho más social. Si tenemos en cuenta estos datos, es especialmente importante que la estrategia de marketing de contenidos incorpore técnicas de SEO para vídeos. Los anuncios finalizados vistos en Youtube cada vez tienen una mayor tasa de conversión.

Por desgracia, aquellas marcas que no inviertan en redes sociales no captarán la atención de este importante grupo de potenciales consumidores. Sin embargo, uno de los principios es no tratarlos como un conjunto homogéneo: los usuarios valoran cada vez más la personalización del contenido. En un mundo globalizado con tantas opciones disponibles, una marca no puede permitirse el lujo de desatender a sus clientes.

Ante este escenario, y considerando que la pirámide poblacional se está invirtiendo… ¡no te dirijas solo a los más jóvenes!

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