La sociedad está experimentando un gran cambio de mentalidad, especialmente en las generaciones más jóvenes, que buscan en las marcas algo más que productos y servicios. Buscan valores con los que identificarse; por eso las marcas han de generar relaciones fuertes con unos consumidores que, cada vez valoran más el tema.

Marketing verde: también conocido como marketing ambiental o marketing ecológico, La American Marketing Association (AMA), define el Marketing Verde como “el desarrollo y el marketing de productos destinados a minimizar los efectos negativos en el ambiente físico, o bien a mejorar su calidad”, es decir, consiste en mostrar cómo algunos productos son más respetuosos con el medio ambiente que otros.

A esto suma que cada vez la competencia es mayor y cuesta más trabajo diferenciarse del resto. Ante la falta de diferenciación, las marcas aplican diferentes técnicas, ya sea mediante cambios en el bien o servicio o realizando acciones de marketing que se posicionen en el cerebro del consumidor como diferentes, es ahí donde entra en juego el Marketing Verde.

A pesar de que el marketing ambiental no es algo nuevo, ya que tiene su origen en 1975 cuando la AMA impartió el primer taller sobre marketing ambiental (del que más tarde saldría el primer libro sobre este campo “Ecological marketing” por Karl E., Henion y Thomas C. Kinnear); es en los últimos años cuando más impulso ha cogido. Los plásticos se han convertido en uno de los principales problemas de nuestro planeta, se ha dicho que el 2019 será el año del veganismo, según The Economist y el calentamiento global está a la orden del día. La población es más y más consciente con el medio ambiente, esto hace que busquen soluciones a los problemas citados, lo que afecta directamente a su forma de consumir. Por supuesto, esto las compañías lo saben, y sus directores de marketing también; por lo que estamos viviendo un bombardeo continuo de publicidad dónde las marcas nos dicen “mi producto es más ecológico/sostenible/cruelty free… que el de mi competencia”. “No, el mío más” responde la competencia en su siguiente campaña.

 

Veamos algunos ejemplos de campañas:

 

Influencers potenciando el reciclaje de vidrio

Fairy “cada gota cuenta”: por el ahorro de agua

Tommy Hilfiguer y sus prendas con tejidos reciclados

La buena noticia es que, la concienciación crece cada día más, y salen nuevas marcas con diferentes iniciativas de respeto hacia el medio ambiente, o muchas de las ya existentes se renuevan. La mala es esta especie de fiebre por el “verde” se está apoderando de muchas marcas y productos que abanderan su amor por lo ecológico cuando en realidad sus verdaderas intenciones son bien distintas.

Ejemplo de campaña fraudulenta:

Un claro ejemplo, que seguro que muchos recordaréis, fue el “fail” histórico del gigante del automóvil Volkswagen, que en 2015 trucó sus vehículos para superar los controles de emisiones contaminantes mientras hacía eco y publicidad de su nuevo motor respetuoso con el medio ambiente porque reducía las emisiones CO2. No mucho después, la agencia medioambiental estadounidense (EPA) le descubrió, naciendo así el mayor escándalo de la compañía alemana hasta el momento.

Bendito Dilema

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